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domingo, 24 de enero de 2016 Cuando el culto y el éxtasis estallan en la "Candelaria"

Regional

Con Atacama Viva conoce este agudo reportaje vivencial sobre la festividad.

Virgen de la Candelaría contrastada con símbolos mundanos.

Tengo recuerdos de treinta “candelarias” atrás, cuando con mi madre visitábamos los puestos comerciales y ella me tomaba fuerte de la mano para que no se perdiera su hijito querido, su niñito amado; su amor del alma.


Mientras por los altoparlantes se escuchaba la voz de los funcionarios municipales llamando a los papás de los niños perdidos, y yo decía que mala suerte perderse en este mar de gente. Lo otro que recuerdo son las bailarinas del Cortijo en la noche proscrita del cabaret mestizo de Copiapó, unos años después, ya no me perdía tan fácilmente, pero aún era un pendex que se arrancaba de la casa para ir a trabajar en los puestos de la Fiesta de Candelaria, con unos amigos fabricantes de ropa que venían de Santiago.

Miles de personas participan de la festividad.

CANDELARIA

En esos años aún existía la manufactura chilena y nos vestíamos con ropa nacional; ah, sí, las bailarinas del Cortijo, que hoy son algo equivalente a la escorts, pero con un grado de sofisticación y belleza distinto, o al menos eso es lo que parecía. Recuerdo a cinco vedette entrando a comprar ropas para sus bebitos de la capital, pantalones de colegio, buzos, etc; ellas también tenían una vida fuera de los escenarios. Creo que mi edad era de doce años o algo así y de frentón las chicas me provocaron, sus cuerpos eran perfectos, trabajados, yo pensaba en toda esa bohemia de la noche, en las piscolas, en los traseros exquisitos de una mulatas brasileñas bailando para los pernoctados de la religiosidad, conocerlas fue como un regalo anticipado, me hicieron cariño, me coquetearon, y además se compraron un montón de ropa, esa noche dormí pensando en ellas.


Lo otro que recuerdo es que a mi jefe se lo habían llevado precioso por giro doloso de cheques. Su mujer, - que lo idolatraba -, se desapareció del mapa, y yo tuve que hacerme cargo de un puesto de ropa durante un par de días. Mi jefe tenía un socio, un borracho de Chiloe más simpático que la cresta, pero era tan loco que le daba lo mismo su mercadería. En fin, en la noche llegaba la esposa de mi jefe, y cerrábamos juntos el puesto, estaba muy triste, él permaneció encerrado en la cárcel de Copiapó varios meses después. Yo sistemáticamente le llevaba el almuerzo, estaba en el pensionado, junto al “psicópata del pincel”, lo recuerdo por su rostro que inspiraba desconfianza, en esos años estaba acusado de violación, en fin, los recuerdos se agolpan, y todo se vuelve de un lumperismo a prueba de balas.

Éxtasis y religiosidad se juntan en las celebraciones.

FIESTA

Hablar de la Fiesta de la Candelaria es hablar de la historia del norte, una historia convulsiva, llena de máscaras y matices, hombres mutilados que a esa edad de tu vida parecen sacados de una película de ciencia ficción, niños pidiendo limosnas, gente cumpliendo mandas, codos y rodillas, mujeres llenas de lunares, mujeres sacadas de un mundo fantástico, rostros, muchos rostros. Tantas caras que he visto en mi vida desfilar frente a mis ojos como una pasarela del espanto y la dicha humana. La Fiesta de la Candelaria fue mi primera gran experiencia de vida, una fuerte práctica, y más atrás me veo frente a un escenario recitando un poema a la Virgen de la Candelaria, tenía buena memoria, y mi tía me llevó a recitar a la candela, luego mis primeros aplausos, y ahí quedó sellado el destino, frente a miles de seguidores y fieles religiosos. Es extraño, cuando publiqué mi primer libro en la casa editorial Cuarto Propio, escribí una sección a la Virgen de la Candelaria llamada Oración:


"Virgen aquí los hombre no te respetan / no les creas cuando vengan / en sus codos y rodillas a rogarte / cuando brinden sus ofrendas / pues esperan el doble a cambio".


Curioso destino la escritura, que no es otra cosa que la vida que intenta ser comunicada en palabras, en gestos e imágenes que uno va almacenando en su memoria, recuerdos de la infancia buena o mala, da lo mismo, al final todos estamos metidos en la historia, y como les contaba la Fiesta de la Candelaria era eso, la congregación y la consumación de todos los pecados originales, la locura, el amor, la desidia en los cuerpos, y todo esto con un soundtrack lleno de tambores y bronces; rostros indígenas y mestizos bailando en trance, fuera de sí, pero con devoción intachable, los rostros duros de los mineros de Atacama, el sudor, un vahído de esperanza y fe. Algo telúrico hay en esa fiesta, un llamado desde no sé dónde para juntar tantas historias, cada una es una perfecta síntesis social del pueblo de Chile. Sí, el pueblo de Chile, porque la elite se resta de esta festividad, los rostros de la elite prefieren al cura Karadima, que les viola a sus hijos para granjearse el cielo, el pueblo prefiere a su candela, y lincha a los curas pedófilos, curas que se disfrazan de buenas personas.


Es difícil no mirar los intersticios, anoche debió ser mi Candelaria número treinta y algo, y creo mirar con más nitidez, como si la madurez significara ir afinando la vista, ir enfocando lo que es y no lo que uno cree, aunque es cierto uno mira desde donde conoce, pero hay en esta realidad una metacomunicación, una alegoría o partitura, no sé cómo decirlo, que se va revelando como una fotografía análoga.


Imposible no sentir el olor de la orina, el mismo olor humano que a los doce años un pendex trabajador y curioso sentía en su nariz. A medida que la fiesta avanza, lo primero que empiezas a notar son las caras de cansancio, a las una de madrugada, el trasnoche, la piscola para prevenir el frío. Detrás de esos sacrificios, hay historias de vida que quizás jamás serán contadas, veo algunas pupilas dilatas producto del cidrin, o la cocaína, para trabajar a ese ritmo se necesita un poco estimulantes digamos, de lo contrario te vuelves loco, seis días en que duermes en la calle, junto a tus cosas, tus mercaderías, tus hijos, etc. Quizás no necesitan tanto sacrificio, y llegan desde Santiago a rematar los saldos del año anterior, pero en la medida que empiezas a escarbar un poquito, ellos están ahí por otro motivo, son una memoria colectiva de un pueblo, que de no existir, entonces para qué la religiosidad, para qué tantos días de hambre y riesgos, ellos están ahí como un constructo social, una operación que nace de la necesidad de sobrevivencia, de tener un lugar en el mundo, aunque sea este precario y confuso lugar desde donde hablan y nos miran.


Virgen de la Candelaria.

LAS CENIZAS DE LA VIRGEN

Entonces la Virgen de la Candelaria vuelve de su pequeño infierno de llamas, vuelve hermosa, altiva como desafiando a sus victimarios, un símbolo que seguirá presente en la religiosidad y en la cultura de Atacama. La Virgen ahora nos mira con un poco de desconfianza, uno de nosotros le ha prendido fuego, a ella y a su hijo que permanece en sus brazos desde hace mucho tiempo. Intuye que pronto no tendremos el lugar necesario para acompañarla, pero esta vez sus fieles devotos han llegado en masa a saludar su nueva vida, se ve hermosa, resplandeciente, su rostro iluminado nos mira desde la altura, queremos amarla, pero ella mira con desconfianza. Pasa por fuera del balcón donde antes las putas salían a saludar, a pedir por sus vidas y la de sus seres queridos, avanza la Virgen de la Candelaria por las mismas calles donde murieron varios fieles en la juerga nocturna del piscola y los cuchillos, Ella que lava nuestros pecados ahora y en la hora de nuestra muerte avanza por una ciudad que le parece extraña, está como recién despertando de la muerte, de las llamas, y hoy no sabe con certeza que es lo que representa su humilde rostro, este será un largo camino para averiguarlo, una procesión de fieles mineros y mujeres humildes sobrevivientes de la dictadura de la pobreza y de la falta de oportunidades.


Algunos años atrás escribí en mi libro "Nací para robar rosas de las avenidas de la muerte" Ed.Cuarto Propio, 2008, el siguiente poema oración a la Virgen de la Candelaria, que hoy, después de volver de las cenizas, cobra una dimensión casi profética para mí, con él me despido:


IV

Virgen pronto

tus fieles seguidores

jugarán fichas y póker

en el casino

y no tendrán el tiempo

para acompañarte

pues las máquinas

serán su nuevo Dios.


Por Cristian Muñoz López.

Comentarios

Comentar
Guillermo Martinez Wilson Santiago martes, 02 de febrero de 2016
Buena cronica nada de ficción sino experiencias de vida que nos retraen a un niño de la mano de una madre ,que ahora en silencio  mira la algarabía de la fiesta  las chelas y piscolas en desmadre  ,algo de fe ,casi nada, pero la vieja lealtad de los atacamos, mineros  mujer e hijas de hombres del cerros en una ciudad antaño oasis ,llegada que alegraba después del silencio delos cerros ahora a mal traer porque nadie  ya pareciera quererla..Felicitaciones Cristian




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